jueves, 22 de mayo de 2014

Fotograma sobre óleo mojado

Anoche pensaba que había desaparecido en cuanto cerré el libro con el marcapáginas en la página 15. Mi vista volvió a recaer sobre la pintura de óleo mojado que se hallaba en el borde izquierdo de la habitación. Las paredes estaban tintadas por la luz blanca que desprendía la lámpara de la mesilla. Pero era de noche. Y toda la luz me hacía contemplar ese cuadro, que era más que una fotografía rescatada de la imaginación de algún pintor conceptual de la época. Aquel marco brillaba dentro de mi mente, porque era más que una idea, más que un sueño o un fotograma.
 
Mis ojos se quedaban paralizados buscándola dentro del cuadro. Tal vez existiera alguna teoría física a través de la cual ella fuera capaz de desaparecer. Pero yo sabía que estaba allí, aunque no la viera. Jamás había podido encender el borde de su cigarro delante de los vivos. No había podido disfrutar de ella antes de encontrarla en aquel cuadro. Y más aún, nunca había podido besarla más que en sueños. Mi vida quedaba arraigada en aquel libro marcado en una página no tan cualquiera, contemplando un mundo que me mostraba el infinito en sus ojos.
 
Aún apagada la luz, veía la luna en todas partes. Semiinconsciente moría y volvía a la vida para mirar una vez más esa obra de arte que me ataba a los sueños. Todo sonaba tan relativo que me hacía caer en una rutina inalcanzable: morir, vivir, dormir, tal vez soñar...
 
Ella era como un fantasma o un simulacro que vivía solo en mi imaginación, en un cuadro invisible terriblemente infinito, como un fotograma sin frecuencia capturado sobre óleo mojado.
 
 
El guardagujas.

miércoles, 21 de mayo de 2014

El resto

Anoche me di de bruces con un laberinto en mitad de la ciudad, y lo muestro como si el índice de probabilidad de que esto ocurra sea alto. Titubeé durante unos instantes: entrar y perderme o pasar de largo y seguir perdido. La primera opción fue la que se llevó mi voluntad a su terreno, por lo que subí la cremallera de mi abrigo -podría decirse que el grosor de este lo hacía parecer una prenda blindada- y me adentré en aquel entuerto sin saber muy bien porqué, ignorando el contenido.

Caminé durante horas por un suelo estéril donde no podía apreciarse ni siquiera un atisbo de vida vegetal, poniendo un pie aquí y otro allá. Desconocía por completo el motivo de mi elección, aunque sí que tenía claro que aquel lugar repleto de muros grises de hormigón no era muy diferente del espectáculo que ante mis ojos se postraba en los momentos previos a mi entrada (o quizá de todo lo que había aprehendido hasta entonces). Sin embargo, sí pude apreciar algunas diferencias notables, como la ausencia de techumbre, la cual me permitía mirar directamente a la luna; la ausencia de ruido era otro elemento de gran importancia, pues al no existir allí dentro ni el más mínimo indicio de cualquier tipo de vida, un inmenso silencio dejaba el tiempo en tablas, y esto permitía que hasta las partículas de polvo en suspensión no pasaran desapercibidas para mí. Y fue esto último el motivo de que me sentara allí conmigo, con la espalda apoyada en una de aquellas paredes, y comenzara una conversación de duración indefinida con una especie de lobo que había ladrado en mi interior desde que puse la primera piedra del templo. Charlamos sin cesar hasta que, después de no haber alcanzado ningún acuerdo con la bestia, decidimos retirarnos de nuevo la palabra y mirar en dirección al cielo. Había luna llena, y los rayos de color nieve cegaron mis ojos durante largo rato por el contacto directo, además de bañar todo mi cuerpo con un pigmento ancestral. Todo seguía en silencio.

Finalmente decidí quedarme allí. No siempre la luna estaba llena, pero al menos no había nadie que me impidiese mirar al cielo, ni tampoco parecía habitar aquel lugar ese ruido homogéneo que tantos quebraderos de cabeza me daba al otro lado del laberinto. Sí, hasta mi muerte permanecería entre kilómetros de muros grises, pues aunque ningún objetivo vital respaldaba mi estancia, tampoco afuera existía alguno de esta especie.

"Solo pretendo mirar a la luna en silencio... el resto es humo".

G.D.